viernes, 10 de febrero de 2012

Entrada nº 2



Te esperaré, lo tengo decidido. No sé durante cuánto tiempo, unas horas, toda la vida o unas horas que pudieran ser el resumen de una vida entera. Aún no lo sé.



Sólo tengo la certeza inviolable de que he decidido esperarte.



Creo que he tomado esa decisión nada más has cerrado la puerta sin decirme adiós. O a lo mejor ha sido al asomarme a la ventana para ver cómo cruzabas la calle, te dirigías al coche, lo abrías, encendías el motor, bajabas el cristal de la ventanilla y te marchabas sin volver los ojos aunque sabías, estoy segura de que lo sabías, que yo te estaba mirando.



No sé. Quizá me di la vuelta y al echarte de menos supe que te iba a esperar durante un tiempo indeterminado o indefinido, como prefieras llamarlo. El baño y la cocina aún guardaban huellas de tu paso reciente por ellos y yo olía a ti, a tu cuerpo desnudo sobre el mío y sus ojos cerrados, imaginándote y sabiéndote.



Sé que no volverás y, sin embargo, te esperaré. Tengo otras cosas que hacer, no creas, pero esperarte será una de ellas. ¿Una más? A veces sí, sólo una más. Otras veces no. ¿Cuánto hace que te has ido? ¿Unos minutos o unos siglos? No caí en la cuenta de parar el reloj y el tiempo ha seguido su curso hasta que ha logrado que yo pierda la noción o su significado. Da igual lo del tiempo, lo de su paso ajeno y continuo, sólo es un detalle que no me ha de importar.



Desde que te fuiste, he conocido a otros hombres. ¿Y tú? ¿Has conocido a otras mujeres? Sí, claro que sí. La pregunta es de ese tipo de interrogantes que hacemos para rellenar el espacio que nos circunda cuando lo sentimos como una amenaza, cuando nos queda algo vacío y los recuerdos se desordenan. O no encuentran dónde descansar, dónde ocultarse. Tú has conocido a otras mujeres, yo a otros hombres y ambos hemos hecho el amor con quienes no somos ninguno de los dos, hemos disfrutado al irrumpir la madrugada con su carga de deseo y sueños cálidos, entre copas que mediaban y gestos indudables, sobre un olor que no era el tuyo ni el mío, sino uno nuevo o talvez alguno recuperado.



Dudo si soy yo quien te esperará o lo serán sólo mis manos. La duda, como todas las que merecen ese nombre, tiene un origen: ignoro si contigo soy mis manos y nada más, las manos que te tocaban porque querían hacerlo, porque les gustaba hacerlo, o si, por el contrario, mis manos son lo que suelen ser las manos: una ramificación. En todo caso, procuro que no queden lejos del pomo de la misma puerta que un día cerraste sin decirme adiós.



No te confundas. Mi vida no es soportable. No necesito soportarla porque no me pesa. Vivo como quiero hacerlo y siempre soy yo la que decide. He conocido a varios hombres que, cuando cayeron en la cuenta de ello, decidieron retirarme la palabra. Allá ellos. Soy lo que tengo y creo que lo único que quiero tener. Siempre pensé que tú te diste cuenta de eso desde el primer momento. ¿Y sabes? Me gustaba que me aceptaras así, que nunca me pidieras explicaciones y que siempre procuraras (aunque no siempre lo consiguieras) no hacer preguntas.



Te esperaré. Es una decisión y tampoco tiene la mayor importancia que así sea: te esperaré hasta que deje de hacerlo. Así de sencillo. Ya sabemos que la vida se las apaña muy bien para complicarse solita, no es necesario nuestro impulso de principiantes torpes o desesperados.



Te esperaré lo que dure una canción, una vida paralela a la que todos verán: mi vida que sin la tuya a mi lado continuará feliz y sin fisuras. Hasta que vuelvas y sólo puedas encontrar dos escenas distintas en el mismo escenario: una mujer que ya no está porque dejó de esperar o bien otra, quizá la misma, a la que delatará el temblor de sus manos.


















8 comentarios:

Ascension dijo...

ME ENCANTA¡¡¡¡SIGUE¡¡¡¡

Menalcas dijo...

porque esperar a que sienta lo mismo que yo, no es viable, verdad?
Un saludo y magnifica entrada

Cita dijo...

Esa sensación creo que la hemos tenido alguna vez todas. Esperar y esperar porque él lo era todo para ti.
Pero la espera eterna no existe, como todo, tiene su momento, es una especie de luto que no perdura en una vida. O sí?

Besos
Cita

(Gracias por darme tregua de poder seguirte entrada por entrada, con esto de paso por aquí sólo una vez a la semana, a veces no doy a basto con las entradas que se me quedan atrasadas)

América dijo...

Un placer visitarte en tu nueva casa...Esperar es una constante(afortunadamente)
Un abrazo guapo.

Menalcas dijo...

para cuando la vuelta Juanma? te echamos de menos.

Miss Cherry dijo...

Increible, espero que sigas escribiendo y no lo hayas dejado ahora que te he encontrado! jaja un saludo!

Lisset Vázquez Meizoso dijo...

La espera da sus frutos, aunque no siempre los que uno espera. A veces, amargos. Y hay a quien le gusta lo amargo. Yo soy más de dulce, ya lo sabes. Un pastel a tiempo me quita las tristezas :) Lo amargo, lo dejo para mi noches en vela, resulta que me alimenta la inspiración. Besos.

María dijo...

La esperaras aunque sea larga la espera.

Un beso.